A propósito de una reforma: Jujol y Can Negre

*Publicado originalmente en
Quaderns #263 (código 26321) [feb-2012]

g.carabí

Can Negre hacia 1925. Fondo: Archivo Municipal Sant Joan Despí.

La arquitectura de J.M. Jujol ha venido explicada, habitualmente, desde el estigma de la falta de recursos. La precariedad de los encargos de clientes modestos, unido a la sencillez de los materiales utilizados en sus edificios, parecen corroborar dicha percepción.

Dignificar la casa. Ese, y no otro, era el objetivo del encargo que Pere Negre y Engracia Balet requieren al arquitecto cuyas obras de reforma de la masía Negre, en Sant Joan Despí, se prolongarán durante quince años al ritmo de los beneficios anuales de la economía de sus propietarios. Vestir y transformar la vivienda. Algo que Loos ya había explicitado en Das Prinzip der Bekleidung(1898): «Pongamos que aquí tenga el arquitecto la misión de hacer un espacio cálido y habitable. Las alfombras son cálidas y habitables. Este espacio podría resolverse poniendo una de ellas en el suelo y colgando cuatro tapices de modo que formaran las cuatro paredes. (…) Lo primero fue el revestimiento. La persona buscaba salvaguarda de las inclemencias del tiempo, protección y calor durante el sueño. Buscaba cubrirse. La manta es el detalle arquitectónico más antiguo.» [1]

Basta mirar una fotografía fechada al final del proceso de reforma de Can Negre para reconocer, sobre la tribuna, el gesto que recuerda la máxima de Adolf Loos: cubrir con una manta. La arquitectura de J.M. Jujol conmemora con este ademán, ya evidenciado desde los primeros dibujos que documentan la reforma, el principio primero de la arquitectura: resguardarse de la intemperie.

J.M. Jujol revela así el verdadero valor de su obra. Del mismo modo que su arquitectura se cubre, también se descubre dejando que “lo natural”, el aire, el agua, la tierra, la fauna, la flora, revista a la arquitectura. Y así puede leerse el cambio de revoco que reverbera el vaivén de las hojas de los árboles del jardín que confrontaba la fachada; así busca el contacto con el suelo la tribuna principal, a través de delgadas barras de hierro que bien pudieran ser las patas de un insecto cualquiera que poblase el entorno de la antigua masía; así deja que los pájaros revoloteen por la fachada, atravesando puertas y ventanas cuyas jambas y dinteles desaparecen gradualmente hasta resolver en continuidad el umbral que separa interior y exterior; así recorta la cornisa el plano de fachada bajo el cielo, ondulándose y adquiriendo el grosor y textura de las palmeras, antes cercanas, ahora ya desaparecidas.

La arquitectura de J.M. Jujol no está falta de recursos. Acaso se acomoda a todos ellos, los usa, los transforma y los comparte, aunando insignia, material y técnica. Así miran los ojos de J.M. Jujol, así reforma Can Negre.

[1]  Adolf Loos, “El principio del revestimiento”, Dicho en el vacío, 1897-1900, trad. esp. Irma Huici (1984; Murcia: Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos técnicos de Murcia) p.149.

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