Frank Lloyd Wright. Una introducción a su obra

*Guiones de clase: composición II

g.carabi

husserl plano

Husser House, 1899

1. Canto a mí mismo
(Primera aproximación a la era de la máquina)

No hay, probablemente, poeta en la historia de los Estados Unidos que mejor haya intuido la importancia de la ciudad como Walt Whitman. Poeta de la libertad, de la democracia y de la naturaleza, no rehúye la importancia creciente de las ciudades, donde vive, se mueve, siente y compone. Canto a mí mismo, escrito y revisado en cuatro ocasiones, nace sin título en 1855; la segunda versión, de 1856, pasará a titularse Poema de Walt Whitman, un americano; en la tercera versión, de 1860, el nombre del poema será Walt Whitman; y en la cuarta y definitiva edición su nombre será Canto a mí mismo, en el año 1881.

(…)
Nunca ha habido más comienzo que el que hay ahora,
Ni más juventud ni vejez que la que hay ahora;
Y nunca habrá más perfección que la que hay ahora,
Ni más cielo ni infierno que el que hay ahora.
Impulso, impulso, impulso.
Siempre el impulso procreador del mundo.
De la penumbra avanzan antitéticos iguales… Siempre
La sustancia y la multiplicación.
Siempre la síntesis de una identidad… siempre la
diferencia… siempre la creación de vida.
De nada sirve elaborar… Los doctos y los ignorantes
lo saben.

Fragmento de Canto a mí mismo
(tit. orig. Song of Myself), Walt Whitman.[1]

El tema del poema se estructura sobre una aparente contradicción: la pluralidad del yo. Whitman vive el yo como núcleo, pero no como una unidad a partir de la que deberá girar todo lo demás sino como una unidad que se reconoce como parte necesaria de una maquinaria más compleja: el universo. Su optimismo es fruto del presente que vive con una intensidad máxima. Actuar, más que pensar; vivir, más que contemplar. Sólo así —parece decir Withman— su tierra, su América natal, puede evolucionar.

2. El incendio de Chicago
(Segunda aproximación a la era de la máquina)

En 1871 la ciudad tendrá la oportunidad, tras un devastador incendio[2] que arrasa unas ¾ partes de la ciudad —más de 6 km2.—, de incorporarse a la máquina de la modernidad. Hasta entonces, los elementos de la tradición edilicia americana son los propios de los países de origen de sus colonos, adaptadas a los recursos del continente: ladrillo y madera. Y será la madera la que se constituya como el elemento base de casi la totalidad de los edificios. La presencia de grandes extensiones de bosque, unido a la posibilidad de trabajar la madera de los árboles en un taller para luego transportarla al lugar de construcción configura, en esencia, las edificaciones de las ciudades. Montantes, vigas y tablas, recubiertas interiormente y exteriormente por planchas de madera harán, de las ciudades americanas, comunidades que crecen tan rápidamente como rápida será su vulnerabilidad frente al fuego. Se dice que incluso las calles estaban pavimentadas con madera de pino.

Corner of State and Madison after the Fire; Photograph, 1871

Corner of State and Madison after the Fire; Photograph, 1871

Tras el incendio, la reconstrucción. Chicago se había convertido en la ciudad en la que todo ciudadano norteamericano deseaba vivir. Su reconstrucción, más que una necesidad, era una cuestión de orgullo. Allí se ensayará el sentido de la civilización americana: las nuevas construcciones, provistas de mayor altura, esqueletos de acero y nuevos ingenios como el ascensor o el teléfono incorporado a las nuevas construcciones tardarán, aún, en despojarse de las citas a los estilos históricos. Europa es un espejo en el que reflejarse —y así será durante muchos años— y la pervivencia de los estudios de las escuelas Beaux Arts también dejarán huella en aquellas generaciones de arquitectos norteamericanos que volverán al nuevo continente para desarrollar su trayectoria profesional[3].

Paradójicamente será un norteamericano quien avance y articule un discurso —teórico y construido, extensamente construido[4]— que, años más tarde, configurará la nueva imaginación moderna en Europa.

En los años de mi propia vida que he dedicado a obtener, trabajando con materiales muy difíciles, una cierta sensación de belleza, ha crecido en los momentos más críticos una esperanza (…) que ha llegado a forjar en mi la convicción de que en la máquina reside el único futuro, que creo que será glorioso, de las artes y los oficios; que la máquina es, de hecho, la metamorfosis de los antiguos artes y oficios[5].

3. Frank Lloyd Wright (1867-1959)

Nacido Frank Lincoln Wright, el adolescente cambiará el orden de sus apellidos poco después de la separación de sus padres. La desvinculación y desafección con su progenitor la manifestará a través del reconocimiento del apellido materno y, con ello, honrará a su vez el origen galés del apellido de su madre. Wright ingresa en la universidad de Wisconsin; no acaba sus estudios y se marcha a la ciudad de los prodigios: Chicago. Después de trabajar un corto periodo de tiempo con Ll. Silsbee, se presenta en el despacho de Adler&Sullivan en busca de otra arquitectura. Colaborará con la firma durante más de seis años y será luego despedido por una supuesta traición al despacho: la aceptación y construcción de encargos[6] a espaldas de Louis Sullivan.

Es posible leer a Wright bajo dos miradas entrelazadas:

La primera, aquella que reconoce, en el extenso arco cronológico que va desde 1887 —con su primera obra de la capilla unitaria en Sioux City— hasta el Museo Solomon de Nueva York, en 1959, un continuo de correspondencias entre su obra y su vida, una autobiografía construida. La segunda, aquella que permite organizar la obra de Wright según dos mitades: hasta los años ’30 y, a continuación de esta fecha, a partir de la cual recibirá influencias de aquellos arquitectos a los que él había influido previamente.

Sus primeras casas irán bajando gradualmente el centro de gravedad hasta extenderse horizontalmente y desmaterializar esquinas, en su búsqueda constante de la rotura de la caja; Piet Mondrian pintará, poco después, esa misma desmaterialización en horizontal y vertical, esa ausencia de esquinas que Wright había construido. Su obra cumbre de este periodo, la Robie House (1908), dos rectángulos desplazados, serán ya un espacio interior ininterrumpido que gravita alrededor de un núcleo: la chimenea, centro y estructura de la casa. Un año más tarde, Wright abandona a su familia y viaja con la esposa de un cliente a Berlín, donde se celebrará la primera exposición sobre la obra del arquitecto.

Robie House 1908

Robie House, 1908

Wright proyectará y construirá un hogar-taller-granja, Taliesin, para vivir con su nueva compañera, Mamah Cheney. Allí experimentará con la idea de grandes ventanas, juego de cubiertas y ejes en ambos sentidos. Cierra de esta manera una primera etapa. Pero en 1914 Wright sufrirá un duro golpe. Mientras el arquitecto se halla en Chicago atendiendo el proyecto de los Midway gardens, uno de los hombres contratados a su servicio en su casa de Taliesin enloquece y, después de una discusión con Mamah Cheney, prende fuego a la casa impidiendo la salida de los que se hallaban en su interior. El resultado: siete personas muertas, entre ellas Mamah Cheney, sus dos hijos, un jardinero, un delineante, un obrero y el hijo del obrero. Sólo dos personas consiguen sobrevivir.

Una año más tarde Wright reconstruye Taliesin y reconstruye su vida junto a Miriam Noel. Con ella viajará a Japón para atender el encargo de un hotel de 285 habitaciones al estilo occidental. El viaje a Japón dura dos años y en el mismo encontrará una nueva cultura no contaminada. Cuando vuelve a Norteamérica, realizará una nueva arquitectura; las citas a arquitecturas precolombinas estarán presentes en sus nuevos proyectos: la Barnsdall House (1917-21), o la Ennis House (1923), ambas situadas en California, significarán una manera distinta de entender la vivienda: muros protectores, cuadrículas en fachada, aspecto hermético, y la pérdida de la chimenea como elemento central escenifican el cambio de actitud en Wright.

Barnsdall House, 1917-21

Barnsdall House, 1917-21

Un segundo incendio arrasa Taliesin en 1925, y Wright reconstruye una vez más el complejo, rebautizándolo con el nombre de Taliesin III. El temor ante un nuevo incendio provoca la construcción de numerosos estanques y fuentes en la organización del conjunto. Wright tiene un nuevo reajuste en su vida personal; conoce a Olgivanna, con quien se desposa en 1928.

A partir de 1935, Wright va a demostrar que puede reiniciar su vida como arquitecto. En el periodo que comprende de 1936 hasta 1940, Wright desplegará tanta calidad imaginativa como en la primera década del siglo. A partir de entonces, y cuando el cambio de sentido de los proyectos de los nuevos arquitectos europeos (Mies, Gropius, etc.) marca el gusto de la arquitectura centroeuropea de los años ’20, Wright recibirá influencias de aquellos arquitectos a los que, diez años antes, había servido de maestro.

En el edificio de la Johnson Wax (1936-39), Wisconsin, el plano de fachada se doblará recogiéndose hacia el interior; el muro es continuo y se dobla como una sola lámina; no hay ventanas; la iluminación se realiza a través de unas fajas horizontales no practicables. Desde fuera se observa continuidad; desde dentro la pared se halla interrumpida. La cubierta no existe: el soporte y lo soportado —el pilar fungiforme y la cubierta— son lo mismo. En la Kaufmann House (1936), Pennsylvania, realizará un proyecto opuesto al de la Johnson, pero explicable desde el mismo punto de vista: edificio cerrado exteriormente pero abierto en el interior.

Edificios de la S.C. Johnson & Son Administration, 1936-39

Edificios de la S.C. Johnson & Son Administration, 1936-39

La casa Kaufmann es vuelo libre sobre una ausencia de suelo, junto a un torrente; como un puente sobre el terreno. En Taliesin West (1938), Arizona, construirá un hogar campamento para una comunidad creciente de estudiantes. Trazado geométrico sobre una plataforma continua del desierto. La naturaleza será aquí la intersección entre forma y función. Es una construcción sin recedentes, tanto por su forma como por su estructura. Con cubiertas de lona, Taliesin West crece en el sentido del terreno, a diferencia de otros Taliesin que crecían de forma dispersa.

Kaufmann House, 1936-38

Kaufmann House, 1936-38

Por último el museo Solomon Guggenheim, de Nueva York (1959). Se coloca de espaldas a la ciudad; se enrosca sobre sí mismo. De nuevo protección frente al exterior. Tomará el sistema de iluminación de las oficinas Johnson, y una rampa que baja como en la tienda Morris. Forma espiral como recorrido en el tiempo, inagotable, indefinido, como lo que en su interior aguarda.

Museo Solomon R. Guggenheim, 1959

Museo Solomon R. Guggenheim, 1959

Wright, cuando fue conocido a fondo, no pudo dejar de aparecer como una revelación. Libre de cualquier preciosismo en los detalles, dotada de un lenguaje propio pese a sus peculiaridades exóticas, y fascinante pese a la sencillez de los motivos, la obra de Wright convence desde un principio. (..) Funcionalidad y confort se sintetizaban espléndidamente de la única forma posible en nuestro tiempo[7].

Para Frank Lloyd Wright reconocer el valor de la modernidad, su sensibilidad estética, su fundamento maquinista, su capacidad organizativa, es reconocer un sistema complejo e íntegro más amplio: el organicismo. Y organicismo equivaldrá al reconocimiento de una metodología proyectual empeñada, sobre todo, en la indagación del espacio donde la democracia americana no resulté ser una forma histórica de gestión política sino una manera de vivir. Wright intenta diseñar, para una América democrática y orgánica, un camino que la aleje del academicismo reaccionario importado de Europa y, simultáneamente, de las diferencias impuestas por el International Style de Hitchcock y Johnson.


[1] Walt Whitman. Hojas de hierba. Antología bilingüe (selección, introducción y traducción de Manuel Villar), Madrid, Alianza Editorial, 1995, pp. 55-207

[2] En la siguiente página se puede consultar la descripción del incendio por diversos testimonios directos de la catástrofe: http://greatchicagofire.org/eyewitnesses/anthology-of-fire-narratives

[3] La figura del arquitecto, en Norteamérica, no se configura hasta 1852, año en que se funda la American Society of Civil Engineers y, en 1857, el American Institute of Technology

[4] Más de 900 obras construidas avalan su material dedicación a la arquitectura. El calificativo extensamente se refiere aquí a su doble condición: cuantitativa y espacial.

[5] Frank Lloyd Wright, Arte y oficio de la máquina, 1901.

[6] Serán las llamadas casas clandestinas. Wright construirá hasta nueve, entre los años 1891 y 1893. Bruno Zevi, Frank Lloyd Wright, Barcelona, GG, 1985, p. 264

[7] J.J.P. Oud, Hollandische Architektur, Munich, 1926, en L. Benevolo, Historia de la arquitectura moderna, 5ª ed. ampliada, Barcelona, GG, 1982, p. 288

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