A propósito de la discordia: casa Amatller (1898-1900)

*Anotaciones dispersas para un seminario #1

g.carabí

Croquis de fachada, 1898-1900, Josep Puig i Cadafalch. Fuente: ANC

Croquis de fachada, 1898-1900, Josep Puig i Cadafalch. Fuente: ANC

Desde la conferencia que Puig i Cadafalch imparte la noche del 21 de marzo de 1896 con el título «L’arquitectura romànica catalana», en el Ateneu de Barcelona, que sabemos que para el arquitecto una obra arquitectónica revela los hechos característicos de la espiritualidad colectiva[1]. Una noción que Puig i Cadafalch venía reivindicando de forma constante con sus colaboraciones en la segunda etapa de La Renaixença, diario que defendía una indudable posición catalanista y al que se incorporan, a partir de 1895 Gallissà, Moliné, Brasés, Enric Prat de la Riba y el mismo Puig i Cadafalch.

Si la arquitectura es, o debe ser, manifiesto de la cultura de un país; si su esencia debe comportar una veneración por los estilos más compenetrados con el pasado; si la obra de arte viene generada por el estado anímico y las costumbres que la rodean[2]; si, en definitiva, debe servir para distinguir las peculiaridades de un territorio, ¿cómo debe ser el estilo de una casa burguesa de principios de siglo xx situada en el Passeig de Gràcia, el lugar de paseo y exhibición de la aristocracia barcelonesa?

Croquis fachada casa Amatller (1898-1900), Josep Puig i Cadafalch. Fuente: ANC

Croquis de fachada, 1898-1900, Josep Puig i Cadafalch. Fuente: ANC

Los distintos ensayos de fachada que dibuja Puig i Cadafalch se esfuerzan en componer un plano cuyos huecos pierden la relación vertical para conservar, únicamente, la horizontal que construye cada uno de los pisos de la casa. También la simetría, que organiza inicialmente la fachada, acaba experimentando un decidido desplazamiento de algunos de sus elementos —la puerta de acceso que pasa de ocupar una posición central a situarse en la esquina lateral izquierda—, mientras que al resto de plano vertical le van sucediendo no pocos tanteos acerca de la posición de las ventanas, la configuración de la parte alta del edificio —el estudio de fotografía—, o la posibilidad de incluir pináculos en el frontón que utiliza como remate de la fachada.

Una estrategia —la pérdida del desarrollo vertical y de la simetría— que se opone sin disimulo a la trama regular y homogénea que traza Cerdá, acaso la crítica más intensa de Puig i Cadafalch al Eixample junto con los estudios que, de la Plaça Catalunya, realizará a partir de 1915: un proyecto político y cultural de ciudad que creía en dirección inversa a la urbe propuesta por Ildefons Cerdà, sistemática ciudad americana concebida como la cristalización de un mineral, «confuso laberinto que producirían un sin fin de calles infinitamente largas, que conducen a ninguna parte, cortadas a escuadra por otras idénticas, dando lugar a multitud de barrios, todos iguales, que no pueden agruparse de ninguna manera»[3].

Incompatible con los cuadrados de cuartel de esclavos de Cerdá, la gran Barcelona de Puig i Cadafalch propone, como estrategia, la construcción de edificios públicos aislados que rompan la homogeneidad urbana del Eixample. Construir, en definitiva, una imagen que aproxime Barcelona a ciudades como Brujas o Bruselas, vehiculado a través de dos operaciones: saturar de historia los huecos de los edificios, y participar del proyecto común de ciudad que, pocos años más tarde, recurrirá a un velado retorno al clasicismo con el que legitimar su voluntad de aunar política y arquitectura, en el llamado noucentisme.

El resultado es finalmente, en la casa Amatller, un mosaico de piezas independientes que no pueden esconder su difícil encaje y que preceden a algo que, en el interior de la casa Amatller, será ya irreconciliable. Ahí aparecen fragmentados, sin posibilidad alguna de ordenada recomposición, los interiores de la vivienda.

Mirad, si no, la columna que asoma tras la ventana del dormitorio de Teresa Amatller.

Detalle ventana estancia dormitorio Teresa Amatller. Fuente: internet

Detalle ventana estancia dormitorio Teresa Amatller.
Fuente: wikimedia commons


[1] Enric Jardí, Puig i Cadafalch. Arquitecte, polític i historiador de l’art, Barcelona, Ariel, 1975, p. 37

[2] Josep Puig i Cadafalch, “Regionalisme artístich”, La Veu de Catalunya, núm. 36, 13 de septiembre de 1891, p. 423

[3] Josep Puig i Cadafalch, La Plaça de Catalunya. Comentaris, Barcelona, Catalonia, 1927

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