A propósito de la discordia: casa Batlló (1904-1906)

*Anotaciones dispersas para un seminario #3

g.carabí

Antoni Gaudí, croquis casa Batlló. Reproducido enTokutoshi Torii, El mundo enigmático de Gaudí, Ed. Instituto de España, 1983, p. 329

Antoni Gaudí, croquis casa Batlló. Reproducido, entre otras publicaciones, en Tokutoshi Torii, El mundo enigmático de Gaudí, Ed. Instituto de España, 1983, p. 329

1. Olvidémonos durante unos instantes de símbolos, metáforas y analogías que sobre la arquitectura de Gaudí se han descrito. Dejemos atrás toda la carga de lo que, con mayor o menor acierto, conocemos a consecuencia de su hiperestudiada[1] arquitectura. Seamos declaradamente cortos de vista y acudamos con el oído atento y el tacto preparado.

La casa Batlló, casa de alquiler según terminología de la época, forma parte de la habitual operación financiera que muchos burgueses llevan a cabo cuando deciden ir a vivir al Paseo de Gracia, durante la última edad del Eixample de Barcelona[2]: comprar un edificio de viviendas, reformarlo parcialmente —o derribarlo por completo para volver a levantarlo—, vivir en el principal y alquilar el resto de pisos.

El edificio, una reforma importante en palabras del mismo Gaudí[3] —el coste de las obras asciende a 200.000 pesetas— se construye sobre la casa proyectada y construida originalmente por Emili Cortés[4]. En fecha 29 de enero de 1904[5], el propietario Josep Batlló solicita permiso para derribar la casa existente. Unos meses más tarde, redacta una nueva instancia en la que renuncia al derribo del edificio y donde determina la voluntad

de construir un soterrani, quint pis i habitacions de servei en el terrat i reformar-ne la fatxada, els baixos i els pisos primer, segon, tercer i quart segons plans que per duplicat acompanya, a V.E.
Suplica:
Se serveixi donar per retirada i nulla l’instància de permís d’enderroc que té presentada, y llavors concedir-li el corresponent permís per a fer les obres esmentades.

Las obras se inician durante el año 1905 y finalizan, según consta en documentación presentada el 30 de abril de 1906[6], cuando José Batlló formula una instancia solicitando permiso para alquilar los pisos de la casa reformada. Solicitud que no le es otorgada porque aún no se ha concedido el permiso de obras. A partir de aquí, el proceso legal deriva en un intercambio de cartas por parte de la propiedad, y de advertencias por parte del Ayuntamiento, dignas de un guión de Groucho Marx en el que ambas partes parecen vivir en fechas no sincrónicas.

Finalmente, las obras de reforma de la casa Batlló dirigidas por Antoni Gaudí, se legalizan oficialmente —siete años más tarde—el 26 de marzo de 1913, obteniendo el permiso de obras para

Reformar los bajos y cuatro pisos, levantar un 5º piso, modificar aberturas y abrir otras en los bajos y primer piso, construir tres tribunas de obra de fabrica y 4 repisas mayores de 1,50 metros de vuelo; modificar seis repisas, construir dependencias de servicio en el terrado; cerrar y cubrir los bajos en la parte posterior de la casa nº 43 del Paseo de Gracia[7].

Hasta aquí la cronología resumida de los hechos.

2. Todos los trabajos que Antoni Gaudí lleva a cabo en la casa Batlló —sus formas, su movimiento, su geometría— están destinados a un único objetivo: eliminar cualquier rastro de las aristas que forman un diedro. No es tanto la lucha contra el ángulo recto en beneficio de una fluidez espacial sino la batalla por desmaterializar, a través de operaciones diversas, aquellas líneas que definen el espacio cerrado, definido, estático: la caja.

Por aquellos mismos años, y articulando una lengua distinta pero con la misma convicción, Frank Lloyd Wright construía muestras de esa misma voluntad en sus casas de la pradera.[8]

Un ejemplo discreto que suele pasar desapercibido en la fachada de la casa Batlló: el cordón que une su fachada con sus convecinas, la casa Amatller a la izquierda, y la casa Carbó a la derecha. Mucho se ha escrito acerca del respeto de Gaudí hacia su colega quince años más joven, Puig i Cadafalch, retrasando el paño de pared que se corresponde con el encuentro entre el frontón de la casa Amatller y la fachada de la Batlló. Cierto. Pero el gesto de Gaudí va más allá: ese mismo cordón pétreo que se empareja con la línea de remate del edificio de Puig i Cadafalch también va a buscar, en el lado contrario, la primera línea de cornisa del edificio contiguo que separa la planta baja del resto de edificio.

Detalle del cordón de piedra que une las fachadas. Fotografía: Google Maps / G. Carabí

Detalle del cordón de piedra que enlaza las fachadas. Fotografía: Google Maps / Guillem Carabí, 2014

Expresado de otro modo: la línea pétrea que define los límites de la fachada de la casa Batlló presenta dos movimientos. El primer movimiento busca afianzar su posición en un sistema más amplio que ultrapasa la fachada principal. Esto es, la casa Batlló busca, sin disimulo, la fachada de la manzana entera. Gaudí parece afirmar su convicción orgánica integrando su propuesta en un conjunto de mayor envergadura a través de los puntos que los edificios contiguos señalan desde su propia composición: el remate de cubierta que desciende hasta el último piso —el equivalente al final de una composición clásica en la casa Amatller—, y la línea de cornisa que separa la planta baja, del resto de edificio, en la casa Carbó. Una línea de alturas irregulares que une, a partir de las diferencias, las estrategias compositivas de cada uno de los edificios que comparten fachada al Paseo de Gracia. No es difícil seguir imaginando esa línea hasta el extremo opuesto, donde gira la casa Lleó Morera.

El segundo movimiento es la discontinuidad de esa misma línea, provocada igualmente por la proximidad de la casa Amatller, su consecuente ya enunciado desplazamiento unos metros atrás del fragmento de fachada adyacente, y su interrupción por la presencia del volumen de la torre que soporta la cruz de cuatro brazos y por la cerámica que puntea el perfil que da paso a un visible cambio de material. Una cubierta medio vertical, medio inclinada, que en ocasiones envuelve las últimas dependencias de la casa y en otras, se agujerea para mostrar una ventana más de la fachada. O de la cubierta. O de ambas a la vez.

La fachada del edificio se presenta, por completo, como una masa. Es un trozo de materia que se comporta como tal y que hace inútil tratar de leer la fachada según un plano vertical. Planta baja, principal y los extremos de la primera planta, en piedra, pierden su habitual condición horizontal mostrando su densidad, su materia, a través de los numerosos pliegues de las tribunas que impiden de nuevo cualquier definición que identifique fachada con superficie plana.

La primera tapa de la caja —la fachada al Paseo de Gracia— inicia su desmaterialización con el movimiento y exhibe, sin pudor, la carnosidad de su constitución. Así ocurre también en el interior.

Imagen: Guillem Carabí

Fotografía: Guillem Carabí, 2013


[1] No utilizo la expresión con desánimo, sino con la voluntad de reencontrar el camino que muchos han allanado, pero cuyo paso constante de visitantes ha acabado por desgastar .

[2] Por última edad del Eixample se entiende la primera década del siglo xx, cuando se consolida la expansión de la burguesía al ensanche central, los comercios ya substituyen las plantas bajas habitables de los primeros edificios, y la reforma para dignificar la fachada forma parte del requisito indispensable que supone vivir en el Paseo de Gracia y zonas de influencia próxima. Albert García Espuche, “El centre residencial burgés”, en La formació de ñ’Eixample de Barcelona, Barcelona, L’Avenç, 1990, pp. 205-221

[3] Marcià Codinachs (ed.), Antoni Gaudí. Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos, Murcia, Colección de Arquilectura, 1982, p. 87

[4] La casa original se construye en 1875. El mismo Emili Cortés también proyectará y dirigirá la casa contigua que llega hasta el chaflán, propiedad de Enric Carbó, en 1879.

[5] AHCB, Expediente de permiso a D. José Batlló para derribar la casa asignada con el número 43 (antes 103) del Paseo de Gracia. 1904. Núm. 9612.

[6] AHCB, op. cit.

[7] Ibidem

[8] Fue el propio Frank Lloyd Wright quien acuñó el término para referirse al conjunto de casas que realizó en las praderas de Chicago. Frank Lloyd Wright, Autobiografía, Madrid, El Croquis ed., 1998, pp. 176-180

 

 

 

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