Un apunte sobre la escuela Baixeras, de Josep Goday

*Guiones de clase: composición 4

g.carabi

Grupo escolar Baixeras, de Josep Goday. s.f. Fuente: ICC

Grupo Escolar Baixeras, de Josep Goday. Fuente: ICC

1. Les construccions escolars de Barcelona es el libro que la Comisión de Cultura de la ciudad creada el año 1916 publica, en 1922, como resumen de los estudios, proyectos y otros antecedentes para resolver el problema de la escasa y obsoleta presencia de escuelas en la ciudad. Josep Goday, nombrado arquitecto asesor de la comisión en 1917, es el técnico que lleva a cabo la realización de los distintos grupos escolares realizados entre 1920 y 1933[1]. El objetivo, paliar el alto grado de analfabetismo existente puesto en evidencia a través de un informe previo de la Institución de cultura popular.

Una ciudad no es grande solo con tener grandes y bien urbanizadas vías; es imprescindible que el pueblo que la habite sea fuerte, robusto, y al propio tiempo que instruido y culto[2].

En clara referencia hacia el Plà Cerdà, el informe insiste en uno de los puntos fundamentales que la ideología del noucentisme reclama en su estrategia: la cultura, la educación de la ciudad, tan necesaria para llevar a cabo su proyecto cívico: transformar la Barcelona individual y provinciana, en intelectual y cosmopolita; una ciudad donde todas las manifestaciones artísticas sirvan y converjan en una idea unificadora. Una unidad difundida tras las páginas del diario La Veu de Catalunya cuyo director, Enric Prat de la Riba, fundador de la Lliga Regionalista y primer Presidente de la Mancomunitat de Catalunya de 1914 hasta su prematura muerte en 1917 encuentra, en Eugeni d’Ors, su alter ego intelectual. A través de sus glosas, publicadas en el diario, d’Ors construye una atalaya de opinión desde la que cargar de ideología el giro estratégico propuesto para la ciudad.

A partir de la gestión noucentista de Prat de la Riba y Eugeni d’Ors, cualquier proyecto de arquitectura, en Catalunya, deja de ser idea para convertirse en ideología. Capital —cliente— y estrategia urbana —urbanística— serán los dos agentes imprescindibles para generar arquitectura. Una relación a tres —capital, urbanística, arquitectura— cuyo origen  puede leerse en la implantación del Pla Cerdà.

2. Josep Goday, identificado por Oriol Bohigas como el único arquitecto noucentista[3], nace en Mataró y se forma, durante los primeros años de licenciatura, al lado de Josep Puig i Cadafalch[4]. La primera escuela que construye de nueva planta la Mancomunitat se gestiona con un dinero que proviene de un fondo privado: se trata de la herencia de quinientas mil pesetas que, tras su defunción, deja el también arquitecto y financiero Àngel Baixeras a la ciudad. Como emocional deuda adquirida por semejante bolsa, la primera escuela se emplaza en uno de los solares que adquiere el Ayuntamiento, perteneciente a la primera gran avenida que conecta el Pla Cerdà con el puerto tras la ejecución del Pla Baixeras, la Gran Via A, prolongación de la calle Clarís hasta el mar.

Goday, como arquitecto jefe de la Comisión de Cultura, se hace cargo del proyecto el cual, según el propio informe de la comisión, debe

ser amplio, sano, alegre, capacitado por sus condiciones de distribución, luz y dimensiones para rendir los mejores resultados en su utilización, pero exentos de todo aquello que tienda a darles carácter de monumentalidad o aspecto pretencioso[5].

Hall del primer piso. Fuente: Ajuntament de Barcelona, Les construccions escolars de Barcelona, 2ª edición, 1922

Hall del primer piso. Fuente: Ajuntament de Barcelona, Les construccions escolars de Barcelona, 2ª edición, 1922

Evitar cualquier carácter monumental. La arquitectura de las nuevas escuelas, del programa que tiene como propósito convertirse en la piedra fundacional de la nueva Barcelona debe, en consecuencia, responder a necesidades de programa y no a una imagen autista con la que cargar, de vacío significado, las calles de la ciudad.

El edificio, aunque aún no se ha desprendido —no obstante sus intentos— del lenguaje clasicista que combina con elementos tradicionales —alterna paños de pared ciegos y esgrafiados de Canyelles con ventanas y huecos de reverberaciones clásicas—, acumula una buena dosis de acertadas decisiones. El acceso se realiza por la calle lateral, evitando la concurrencia de la vía más transitada al buscar la calle adyacente. Lleva la puerta hasta una distancia prudencial de la esquina, aquella que permite reservar un espacio de aire suficiente como para no colocar programa en el punto de geometría más irregular; a partir del piso superior ese espacio se ocupa por la escalera de acceso a los pisos superiores. Una escalera que, si en proyecto está constituida por dos piezas, finalmente se reduce a una sola para acceder tanto a la planta principal como al resto de pisos superiores. Los vestíbulos interiores, de grandes dimensiones en cada planta, eliminan pasillos y corredores e implementan unos espacios de uso polivalente que permiten tanto el oxigenamiento del espacio interior como su aprovechamiento en caso de ser necesario ante un evento puntual.

Planta Baja del Grupo Escolar Baixeras. Fuente: Albert Cubeles Bonet y Marc Cuixart Goday, Josep Goday Casals. Arquitectura escolar a Barcelona. De la mancomunitat a la República, Barcelona, 2008

Planta Baja del Grupo Escolar Baixeras. Fuente: Albert Cubeles Bonet y Marc Cuixart Goday, Josep Goday Casals. Arquitectura escolar a Barcelona. De la Mancomunitat a la República, Barcelona, Ajuntament de Barcelona, 2008

Si el edificio no puede eludir la colmatación en volumen del pequeño solar —consecuencia de ello es un único género docente, el de los niños, en detrimento del de las niñas—, intenta paliar los efectos de semejante solución a partir la organización en tres cuerpos sucesivos en altura; una tripartición aún demasiado clasicista, demasiado amparada en la base, el fuste y el capitel. Sólo la habilidad demostrada en la composición de las fachadas evita una imagen presuntamente elaborada desde el exterior, y no desde el interior, desde el programa, como defiende el propio Goday.

El esfuerzo por eliminar la sensación de gigantismo acaba manifestándose irremediablemente en la zona más conflictiva: la que articula el desnivel entre la Vía Laietana y la calle lateral y posterior, actuales Salvador Aulet y Tinent Navarro respectivamente. Un zócalo que comprende la planta semisótano, baja y principal, obligado a fragmentarse en texturas varias para reducir el efecto monumental que adquiere el paño de pared tratado con piedra.

Estado actual acceso escuela Baixeras. Fotografía: Guillem Carabí, 2015

¿Y no es, precisamente, la tendencia a la monumentalidad la característica que se busca esquivar? La segmentación del zócalo se cobra otro precio: la diversidad de ventanas, contadas hasta en número de ocho, y que contagia al resto de pisos.

3. La escuela se inaugura en 1920. Trece años más tarde, en 1933 y desde las páginas de AC[6], el grupo GATEPAC propone las nuevas directrices para las escuelas modernas. Nueve puntos al lado de unos planos correspondientes a la escuela Lluís Vives, de Josep Goday, y bajo el título Hay que adoptar tipos mínimos de construcciones escolares ponen en crisis el tipo de escuelas elaborados, hasta entonces, por la Mancomunitat de Catalunya a través de su arquitecto. La optimización de las dimensiones de los distintos elementos de la escuela, la orientación, la posibilidad de acoplamiento, el contacto con el exterior, la supresión de la decoración, o la incorporación de las terrazas para las clases al aire libre son algunas de las premisas que el grupo GATEPAC alude y denuncia, faltan en las escuelas hasta ahora construidas.

Portada de la revista A.C. núm 9. Fuente: http://www.numerossueltos.com/revistas/ac/ac-documentos-de-actividad-contemporanea-09.html

Portada de la revista A.C. núm 9. Fuente: A.C. Documentos de Actividad Contemporánea

Goday, unos meses más tarde, responde a través de las páginas de la revista Arquitectura y urbanisme. Su respuesta, enérgica, va contra argumentando los nueve puntos defendidos por el GATEPAC:

(…) Las aulas (…) se agrupan alrededor de un vestíbulo que humaniza y da fisonomía a este lugar central que, por otra parte, se utiliza para ejercicios (…) para el canto y para la música. (…) La rigidez primitiva de una sola orientación ha sido rectificada por eminentes higienistas y arquitectos, admitiendo otras orientaciones principalmente en los países de clima temperado como el nuestro. (…) El trazado de los planes de nuestros Grupos Escolares, fue la de aprovechar estos edificios para albergar, no solo la enseñanza primaria, sino también la enseñanza de las escuelas complementarias de oficios y talleres de aprendizaje. A tal fin se han construido amplios y ventilados semisótanos para las cantinas escolares (…). En lo referente al artículo 5º del máximo contacto de la clase con el exterior, es fácil anunciar vaguedades que no son fruto de ningún estudio riguroso respecto a esta importante cuestión[7].

El desarrollo del texto es excesivamente largo para continuar reproduciéndolo, pero interesa alcanzar las últimas líneas previas a la conclusión:

El funcionalismo de estilo internacional, a consecuencia de su devoción a la técnica, no expresa más que el ideal del capitalismo esclavizando el individuo a la máquina[8].

Una relación entre máquina y capitalismo que Goday acusa como inhibidor de cualquier capacidad de la arquitectura como expresión social. Una relación en la que el nuevo arte del GATEPAC, admirado y compartido inicialmente por Goday, rechaza cuando percibe su transformación en expresión de un materialismo burgués, preludio de la primera globalización de unos principios arquitectónicos ajenos a localismos y poco dados a incorporar lo que de positivo pueda tener la tradición.

Quizá las críticas del GATEPAC a los grupos escolares estaban priorizando excesivamente el lenguaje por encima de otras cuestiones; quizá Goday, consciente de sus limitaciones por aportar un nuevo lenguaje a los programas para arquitecturas escolares, no puede más que contrariarse y mirar. Pero las relaciones entre capital —el producto de la mercancía— y estrategias urbanas —la política— hace ya algún tiempo que han cambiado transformándose, exclusivamente, en cuestión de lenguaje.

 


[1] Cronología según consta en el listado de los Grups Escolars del Patronat Escolar de Barceolona, publicado con motivo del 75 aniversario de los Grupos Escolares por el Ayuntamiento de Barcelona: http://www.xtec.cat/escolaperevila/documents/doss75aniv.grupsescolars.940.pdf

[2] Ajuntament de Barcelona, Les construccions escolars de Barcelona, 2ª edición, 1922, p. 41. Citado en J. M. Rovira Gimeno, La arquitectura catalana de la modernidad, Barcelona, ed. UPC, p. 172,

[3] Oriol Bohigas, “El noucentisme (1911-1921)”, en Enric Jardí,  L’art català contemporani, Barcelona, Proa, 1972, p. 255.

[4] Goday inicia la universidad en el curso 1897-98; según explica Marc Cuixart Goday, su entrada en el despacho de Puig i Cadafalch, debió ser alrededor de 1900, a partir de la mediación de su madre y gracias al parentesco lejano que existía entre ambas familias. Albert Cubeles Bonet y Marc Cuixart Goday, Josep Goday Casals. Arquitectura escolar a Barcelona. De la Mancomunitat a la República, Barcelona, 2008, p. 160.

[5] Ajuntament de Barcelona, op. cit. p. 149.

[6] GATEPAC, AC Documentos de actividad contemporánea, año III, Barcelona-Madrid-San Sebastián, 1933, núm. 9.

[7] Josep Goday, “Rèplica documentada de l’Arquitecte Josep Goday i Casals als comentaris crítics inserits al número 9 de la revista AC”, Arquitectura i urbanisme, Barcelona, 1933, núm. 4, pp. 10-20.

[8] Ibidem, p. 20.

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