De las exposiciones al manifiesto: los gérmenes del GATEPAC

*Guiones de clase: composición 4

g.carabí

Una intervención pionera de Fernando García Mercadal en Zaragoza —el edificio del Rincón de Goya (1926-28)—, y tres exposiciones de arte y arquitectura —dos en el País Vasco (San Sebastián, Exposición de Artistas Vascos, 1928; Gran Casino San Sebastián, Exposición de Arquitectura y de Pintura Modernas, 1930), y una en Catalunya (Galerías Dalmau, Exposició d’Arquitectura, 1929)—, conforman el germen de la formación del grupo GATEPAC, Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea. Tres secciones, Norte, Central y Este que tendrán, respectivamente, su protagonismo con momentos de desigual intensidad durante la evolución del grupo.

F. García Mercadal, Rincón de Goya 1926-28. Fuente: Urbipedia

F. García Mercadal, Rincón de Goya 1926-28. Fuente: Urbipedia

Un origen, el del GATEPAC, que se construye a partir de los tres principios básicos de cualquier revolución artística: relaciones humanas, exhibición de proyectos y resultados, y producción de un órgano propio de difusión. O enunciado de otra manera: el brillante currículum de Fernando García Mercadal que facilita su presencia en el denominado I Congreso CIAM celebrado en 1928 en el castillo de La Sarraz, gracias a la invitación que Hélène de Mandrot brinda a Mercadal para asistir a la reunión y que trazará los puentes de conexión entre él y los protagonistas de la vanguardia europea; las dos exposiciones en el País Vasco —la segunda organizada por Aizpúrua— y, en Catalunya —organizada por Josep Lluís Sert—, que darán a conocer la sensibilidad de una nueva arquitectura; y, finalmente, la edición de la revista AC, principal medio de propaganda para difundir, defender y hacer crítica sobre la nueva manera de entender la arquitectura, dirigida por Josep Torres Clavé y Josep Lluís Sert. Tres circunstancias combinadas que permiten, junto a la producción arquitectónica que desarrolla tanto el grupo como algunos de sus componentes en solitario, la aparición de aquella arquitectura moderna reflejo de las exploraciones que algunos años antes se discutían ya en Europa.

Para abordar con más intensidad los orígenes de la formación, pueden contrastarse los textos de José Ramón Garitaonaindía de Vera[1], Antonio Pizza[2], Oriol Bohigas[3], Fernando Ancín[4], el monográfico de la revista DC[5] y, obviamente, la revista AC Documentos de Actividad Contemporánea[6], y el libro de actos del GATCPAC[7].

Portada revista AC Documentos de Actividad Contemporánea, nº 1, en-marz 1931.

Portada revista AC , nº 1, enero-marzo 1931

Se reproduce, a continuación, el texto íntegro del manifiesto “¿Cuándo habrá arquitectura?”, redactado por José Manuel Aizpúrua y que define buena parte de la actitud que manifestará el grupo durante sus primeros tres años de actividad. El texto se publica el 1 de marzo de 1930 en La Gaceta Literaria.

¿Cuándo habrá arquitectura?

La arquitectura en España no existe; no hay arquitectos, hay pasteleros. ¿Por qué no habrá turroneros todo el año, con lo bonito que es el turrón? Los señores que, con un papel oficial, se llaman arquitectos, se clasifican ellos mismos: yo soy arquitecto constructor; “ésos” son arquitectos decoradores: aquellos son arquitectos de fachadas. La masa los tiene ya clasificados, y pregunta: ¿Dónde está el arquitecto arquitecto?

 Los profesionales miran con compasión a unos cuantos compañeros, porque se preocupan de cosas que ellos creen pequeñeces; “ése es un arquitecto decorador”. Yo les llamo “arquitectos prácticos”, porque el señor que hace un mueble para cumplir un fin, y lo pone en un espacio a medida, espacio que responde a otro fin, la reunión de estos elementos me dará un conjunto capaz para lo que se pensó. De esta manera, la casa es una casa; la escuela es una escuela; el ministerio, un ministerio, que es lo que pensamos. Al que se le encarga una barriada de obreros y hace una necrópolis de obreros, es un manipulador; y al que se le encarga un ministerio y hace un laberinto con muchos millones, otro manipulador; y, en vez de una casa para vivir, una casa para morir; éste es un prestímano.

A la arquitectura no se le da importancia, y la tiene. A las masas se las educa con la arquitectura y el cine. El obrero español tiene derecho a vivir como viven los obreros alemanes, franceses, americanos, etc.; el Gobierno español ha dado muchos millones para ello, pero le han estafado.

El burgués exige lo que ve. ¿Por qué no se le enseña a vivir? Un arquitecto que proyecta en renacimiento, vasco, barroco, está engañando a los burgueses; lo hace bien en cuanto a la forma; pero no en cuanto al espíritu, o es que reúne el espíritu de todos los siglos. En ese caso, los arquitectos de hoy son dioses, y ante eso me descubro; no temáis, son dioses falsos; y, por lo tanto, cosa fácil que caigan en pedazos. Los estilos antiguos los admiro. ¿Res-(¿) ningún modo. Al museo con ellos. ¿No os figuráis lo que piensa una silla Luis XV cuando se sienta encima una marquesa de hoy? ¿Y cundo él viene de madrugada en su “bugatti”, y se acuesta en el lecho con dosel? ¡Farsantes! Es ridículo pretender que la nueva arquitectura sea cosa para minorías selectas. Seguramente entrará por “snob”. Es preferible que no entre; la nueva arquitectura es de las masas, y viene a ellas para redimirlas.

Vais a un teatro, y no oís; os atrae más la decoración que la escena. Vais a clase, y no podéis respirar; la ciudad universitaria os salvará (os debía salvar, que no es lo mismo). ¿Qué pensáis de un señor que está removiendo tierras, dejando explanadas para construir pabellones, y cuando se empieza la construcción quita la tierra para hacer los cimientos? Sobran los millones

Vais a una iglesia. El Maestro pedía sencillez. ¿Cómo vais a tener devoción, si las aberraciones barrocas están llenas de sensualismo? Vais por la calle, y el paisaje urbano os obliga a llevar los ojos bajos.

El trabajo del arquitecto no es honrado, no sienten lo que hacen, no deben cobrar y cobran; os están estafando, y se quejan de que haya arquitectos firmones; éstos, por lo menos, cobran menos.

Exigid en vuestras construcciones todo: higiene, solidez, confort, racionalidad, economía; todo, menos decoración; esa palabra os denigra, no debe existir, y si la pedís, os darán pastelería y pagaréis como cosa buena. Al hablar de pastelería me acuerdo de las Exposiciones de Barcelona y Sevilla exposiciones ¿de qué?. Exposiciones de dulces será: almendras, peladillas, merengues, muchos merengues; borrachos, también muchos borrachos; no faltan las clásicas mantecadas, los huesos de santos y las yemas, que cosa más fina las resumen millones, muchos millones. ¿Para qué? Para que en el extranjero se rían de nosotros. Y la torre Eiffel, que se hizo en la exposición del 90, ¿no dice nada?

La culpa del retraso de la arquitectura es del cliente, según el arquitecto; “no nos dejan hacer”. El enfermo cree en el médico; el abogado me arregla este asunto: ¿por qué el arquitecto no me construye mi casa? No creo en él, no tiene autoridad. Mientras el arquitecto no tenga confianza en sí mismo, autoridad y criterio, no habrá arquitectos, estaremos en manos del cliente. ¿Cómo queréis construir vuestras ideas, si no educáis a las masas?

El pintor, el músico, el escultor, el literato, pueden concebir lo inconcebible; se entera cierta parte del público. El arquitecto no puede dejarse llevar de su imaginación; no se da cuenta de que su obra es para todo el público, está en la calle; su responsabilidad es mayor. Se pide al pueblo serenidad, tranquilidad, para resolver actos públicos. Un espíritu sereno sale a la calle y ve edificios faltos de tranquilidad y llenos de sensualismo; pierde la serenidad y grita revolución.

 José Manuel Aizpúrua

La Gaceta Literaria, 1930


[1] José Ramón Garitaonaindía de Vera, “De las muchas fundaciones de g.a.t.e.p.a.c. Aizpúrua y la exposición de arquitectura y pintura modernas, San Sebastián 1930”, Ra. Revista de Arquitectura, 1998, nº 2, pp. 52-61.

[2] Antonio Pizza, “Interpretaciones de lo moderno en la arquitectura de los años treinta”, 3ZU: revista d’arquitectura,nº 4, 1995, pp. 20-29.

[3] Oriol Bohigas, “Gatcpac-Gatepac”, Modernidad en la arquitectura de la España republicana, Barcelona, Tusquets, 1998, pp. 75-88.

[4] Fernando Ancín, “La difícil historia del G.A.T.E.P.A.C.”, Jano Arquitectura: revista de arquitectura, interiorismo y diseño, nº 19, 1974, pp. 38-42.

[5] AAVV, G.A.T.C.P.A.C., DC departament de composició arquitectónica UPC, nº 13-14, octubre 2005.

[6] Especialmente AC Documentos de Actividad Contemporánea nº 1, enero-marzo 1931, pp. 32-35.

[7] Llibre d’Actes del GATCPAC, AHCOAC, Barcelona.

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